
Pues sí, faltó acierto. Las ocasiones se sucedieron durante todo el encuentro, algunas más claras que otras, pero no hubo forma de materializarlas. De hecho, de los dos goles anotados por el Sevilla FC, uno de ellos tuvo que ser en propia puerta. Con este resultado, el Sevilla dice adiós a la Copa, lo que le permitirá centrarse en el frente abierto que es la temporada liguera, en la que el equipo empieza a necesitar un golpe de timón más pronto que tarde.
El Sevilla saltaba al campo con un once que prometía ocasiones y buen fútbol, con Varas en la portería, línea de cuatro en la defensa formada por Navarro, Fazio, Spahic y Cáceres; centro del campo para Medel y Trochowski, con una línea de tres hombres detrás del delantero formada por Manu del Moral, Reyes y Navas, y Álvaro Negredo solo en punta de ataque.
El primer tiempo fue casi exclusivamente sevillista, aunque las ocasiones, que se sucedían, no eran de claridad, salvo un disparo potente de Navas que Diego Alves detuvo con la cara y una jugada personal de Negredo que acabó disparando al muñeco al quedarse sin ángulo. La posesión del balón fue determinante sobre todo para impedir que el Valencia se acercara a la portería, aunque hubo un par de intentos; no obstante, el equipo che sabía que si no encajaba, tendría tiempo de hacer su gol y poner muy difícil la eliminatoria.
Y así fue. En la segunda parte, con el balón más dividido y ambos equipos buscando ocasiones, el Valencia aprovechó una mala basculación del equipo para poner cara su eliminación copera. Jonas (¿de dónde ha salido este chico?) metió un pase en profundidad entre los dos centrales, dejando a Roberto Soldado en un mano a mano con Varas, que sólo pudo recoger el balón del fondo de las mallas. El partido se ponía cuesta arriba, así que Marcelino empezaría a introducir cambios todavía más ofensivos. Rakitic (clave hoy para ganar el encuentro) por Trochowski, que no había firmado un mal encuentro pero necesitaba refresco; Perotti por Manu del Moral y finalmente Kanouté por un Fernando Navarro molido y con una peligrosa amarilla. Estos cambios dieron un vuelco al encuentro, y casi a la eliminatoria. Mientras que el Valencia perdía todo el tiempo posible bajo la permisividad de Texeira, el Sevilla se volcaba arriba intentando meter más balones cerca de la portería rival. Los goles llegaron precisamente de las botas de Rakitic, uno al cazar un mal despeje de Diego Alves y el otro con un lanzamiento de falta lejana que un defensa del Valencia introdujo en su propia portería.
Posteriormente hubo oportunidades para meter otro, por ejemplo la última de Kanouté al elevarse sobre la defensa y rematar un balón casi en las nubes. O un balón de Perotti que se pasea por la línea del área pequeña sin encontrar rematador. Y algunas más.
Destacar en lo positivo la capacidad que ha demostrado el equipo para sobreponerse y darle la vuelta al resultado, así como las dos paradas espectaculares de Javi Varas a sendos disparos lejanos y ajustados de Soldado y Jonas. Y en lo negativo, el arbitraje de Texeira, que debió expulsar a Jordi Alba y posiblemente a Albelda, y la falta de acierto del equipo en ocasiones claras de gol, que en otras temporadas, hubiéramos celebrado como tantos.
En definitiva, el equipo se armó de coraje y supo darle la vuelta al partido, aunque por desgracia el valor doble de los goles en campo contrario nos aguó la fiesta. Y ahora es cuando nos acordamos del partido en Valencia y de las cosas que pudieron hacerse o plantearse de otra forma. En esta tesitura, el Sevilla se ha de olvidar de la Copa y centrarse en el objetivo que nos queda, que sería lo único que podría salvar esta temporada de “quiero y no puedo”. Marcelino dice verse capacitado para darle la vuelta al asunto, y confía en que los jugadores cogerán el impulso que necesitan para convertir las oportunidades en goles y estos en victorias. Que así sea.


