
Los malos presagios con los que el Sevilla iniciaba su temporada se han cumplido. La eliminación de la Europa League ante el Hannover sería el primero de los golpes que recibiría a lo largo de los meses. Aún así, el comienzo liguero tenía un hueco para la ilusión con resultados medianamente favorables hasta la llegada del partido en el Camp Nou. Aquel duelo fue clave. Fueron algo más que noventa minutos de fútbol, de aguantar las embestidas blaugranas y de tentar a la propia suerte, la que les podría haber abandonado en el último segundo si Messi hubiera anotado su penalti. El empate sin goles fue, sin duda, un triunfo que colocaría a Javi Varas en las cabeceras de las crónicas como el héroe de la noche. Sin embargo, aquella proeza se les volvería en contra en las siguientes jornadas. El cansancio físico y psicológico les pasó factura comenzando a perder puntos que deberían haber ganado, entrando en una espiral destructiva que provocó la destitución de Marcelino.
Desde que el técnico asturiano se sentara en el banquillo sevillista se encontró con comentarios enfrentados. Por un lado los que apoyaban a un entrenador que debería dar pasos lentos pero firmes. Por otro, los que consideraban que no estaba a la altura de una plantilla cuyas aspiraciones apuntaban a Champions y a luchar por la Copa del Rey. El tiempo le puso en su sitio y, por diferentes motivos, no dio la talla. Con el transcurso de las semanas quedaba patente sobre el césped que el vestuario le venía grande. A él se le culpaba de la falta de identidad con la que el Sevilla saltaba al campo. Los jugadores desconocían cuál era su cometido, qué debían hacer y, lo más importante, eran incapaces de mostrar las alternativas cuando el plan A fallaba, básicamente porque la primera opción tampoco la conocían. La contratación de Michel para afrontar el final de temporada y cumplir con el objetivo Champions supuso una bocanada de aire fresco que afectaría positivamente a la actitud de los jugadores. Volvieron la motivación y la confianza pero fueron insuficientes para conseguir el pasaporte europeo.
El principal problema, aparcados a un lado los planteamientos erróneos, ha sido el escaso acierto goleador. Los goles se han dejado desear. Ante infinidad de llegadas, las jugadas finalizaban sin que el marcador se inmutase. Este bloqueo afectaba considerablemente al estado anímico cuando veían que el rival tan solo necesitaba una oportunidad para hacer diana. No se les puede echar la culpa a los delanteros ya que ni los jugadores que se incorporaban desde la segunda línea estaban en estado de gracia. Kanouté ha visto cómo en su último año de sevillista las lesiones han mermado considerablemente los minutos que pasaba con el balón en los pies. Aún así cuando se ha vestido de corto, ha deleitado con su saber estar, su sacrificio y su aportación incansable para ayudar al equipo tanto para desatascar como para cubrir en defensa. Negredo tampoco ha tenido su mejor año. Una vez recuperado de sus diversas dolencias requería de varias jornadas para alcanzar su nivel óptimo. Sus cifras se alejan de las que hace justo una temporada lo posesionaban como el máximo goleador español. Pero Álvaro no es solo gol ya que no duda en volcarse en las labores defensivas para recuperar balones o bajar al centro para distribuir o elaborar precisos pases con su prodigiosa zurda.
En tiempos de lluvia, las goteras sevillistas han vuelto a aparecer. La línea defensiva quedaba huérfana con la despedida de Martín Cáceres, el único que hasta la fecha había demostrado poseer el físico adecuado para afrontar los noventa minutos de encuentro y aportar un hombre más al ataque cuando el guión lo permitiese. Su sustituto en el puesto era Coke, protagonista por sus errores infantiles antes que por sus escasos aciertos. Un jugador endeble del que se espera que de una mejor imagen en su segunda temporada. El resto de hombres han cumplido como han podido, podría haber sido peor pero si el Sevilla quiere ser competitivo en las tres competiciones necesita urgentemente formar y compactar una línea defensiva que gane en rapidez, solidez y agilidad, olvidándose de cometer los mismo errores semana tras semana.
Tampoco el centro del campo se escapa de las críticas. El adiós a Romaric y Zokora unido a los buenos meses que dieron Medel y Rakitic en el anterior curso daba pie a la esperanza. Por contra, la lesión del croata le privó de una pretemporada que pedía a gritos cada vez que debía ejercer de líder creador. Tampoco Trochowski ofrecía garantías. Primero por no compenetrarse con el chileno y después carecer de la frescura que exigía el puesto de director de orquesta. Tan solo Medel ha sabido estar a la altura de las exigencias. Mordiendo cada balón y aportando seguridad ante las debilidades. Ni Marcelino, primero, ni Michel, después, han cedido ante Campaña. El canterano llegaba al primer equipo como una de las jóvenes promesas que enriquecerían a este Sevilla pero su falta de madurez y la falta de implicación durante los entrenamientos le han relegado a un tercer plano.
Pasando al aspecto puramente ofensivo, el regreso de Reyes a la que fuera su primera casa sirvió para devolver la sonrisa a una afición que comenzaba a impacientarse. El problema del sevillista procede de su irregularidad. Si fuera constante y trabajase de manera equilibrada su talento de multiplicaría pero en ocasiones se borra de los partidos y su estado de forma, en la mayoría de las citas, solo le ha permitido rendir sesenta minutos. Caso opuesto es el de Manu del Moral. Se ofrece, participa, corre y suda la camiseta pero rara vez finaliza las jugadas con acierto. Cuando no regala el balón a las gradas, se lo cede al rival o lo pierde él solo. La materia prima la tiene, la actitud también, solo le falta dosificar su esfuerzo y mejorar su precisión ya que de esta manera sería capaz de duplicar sus goles. Una cifra que, para ser su primera temporada y viendo la dificultad para anotarlos del resto, no hay que desmerecer.
Aunque la temporada 2011-12 pueda considerarse un fracaso, por quedarse a las puertas de Europa, deja un aspecto positivo. Jesús Navas ha tomado el testigo de Kanouté para ejercer de líder. No es casualidad que haya sido el que más minutos ha disputado. Año tras año demuestra que vive por y para el Sevilla haciendo suya la banda derecha, tratando de sentar a los rivales, asistiendo, centrando y, por qué no, marcando. El duende de Los Palacios debe ser la base para construir al nuevo equipo. Michel es consciente de ello y le tendrá presente a la hora de formar el bloque que devuelva alegrías a la grada del Pizjuán. Para ello debe tratar de pulir los aspectos que han sido un lastre a lo largo de los meses: la incapacidad para cerrar los partidos cuando se han adelantado en el marcador y la imposibilidad de darle la vuelta cuando el rival les ha empatado o superado.
Independientemente de las lagunas que han ido mostrando, al Sevilla le ha faltado algo que es fundamental en el fútbol y que diferencia a ganadores de vencidos. La suerte. Que de estar a su favor habría impedido que hubieran perdido puntos en los últimos minutos o habría transformado en goles los lanzamientos al palo. Esa misma suerte que les sonreía en las noches europeas o cuando Rodri anotó aquel gol en el último minuto que les proporcionaba el acceso a la Champions. Con ella, habrían dado igual todos los fallos de los jugadores porque el objetivo se habría cumplido, sobre todo en una temporada donde sus rivales más directos también titubeaban. Al Sevilla ya no le sirve de nada mirar atrás y lamentarse. La nueva temporada ha comenzado a gestarse con Michel en el banquillo. Ha llegado momento de soltar lastres y traer nuevas piezas para el puzzle que devuelva al Pizjuán su fábrica de sueños.
Montse García
@montse_garcia en twitter
Montse García es “Fashion Sales Director & Promotion Manager” para Hummel en España y Portugal. Escribe para @BETFAIR_ES y comenta en @esRadio, FutbolPrimera.es, TerraDeportes y GestionaRadio.


