José María del Nido lo ha calificado como el jugador más grande que ha tenido el Sevilla en sus primeros cien años. Juan Arza falleció ayer a los 88 años habiéndolo sido todo en el Sevilla Fútbol Club. Natural de Estella (Navarra), llegó al Sevilla a los 20 años tras pasar por Izarra, Alavés y Málaga, y jugó para nuestro club la friolera de 16 años, hasta su semiretiro en el Almería (a los 37 años).
Pese a su baja estatura, la facilidad de Arza una vez que llegaba al área era extraordinaria. Sabía jugar con ambas piernas, y destacaba por su particularísimo regate. Su actitud ofensiva le llevó a ser Pichichi en la temporada 1954/55, pese a no ser un delantero puro (la competencia en la delantera denominada stuka era fuerte). Sus estadísticas goleadoras son posiblemente las más brillantes en la historia del Sevilla (aunque Kanouté y Luis Fabiano se han acercado). Nada menos que 183 goles en 349 partidos de liga. Además, jugó 62 partidos de Copa (24 goles), 5 partidos de Copa de Europa y fue convocado en dos ocasiones para la selección española (muy pocas; su no inclusión en el Mundial de Brasil 1950 fue objeto de debate).
Apodado el niño de oro por el entonces entrenador del Sevilla, Patrick O’Connell, fue sin duda el abanderado de la primera época dorada del Sevilla Fútbol Club. La liga ganada en 1945/46 y la Copa de 1947/48 le pillaron en el rol de absoluto protagonista. Pero su vínculo con el Sevilla no quedó en el papel de futbolista. En su posterior etapa de entrenador, dirigió al Sevilla en 1966/69 y 1972/73, también fue delegado y directivo. Hay que resaltar también su implicación absoluta en todos los eventos recientes del club. Así, ha participado activamente en el Centenario del club y asistido a las celebraciones de los éxitos de los últimos años, pese a su avanzada edad. El número 8 que portaba fue el primer dorsal de leyenda, una iniciativa propiciada por Del Nido.
Pretendido por todos (entre ellos Barcelona y Real Madrid), Arza fue pronto consciente de su condición de emblema sevillista, y no escuchó ofertas. Dotado de una gran bondad (“prefiero que se me recuerde como buena persona y no como buen futbolista; buen futbolista puede ser cualquiera”, dijo Arza en una entrevista a Roberto Arrocha, redactor de ABC) y de un sentido catolicismo, Arza es un símbolo de ese Sevilla que nos demostró, por primera vez, que era posible ganar títulos.
Descanse en paz.
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