
El ambiente de crispación en torno al equipo es más que palpable. El juego convence por momentos, los resultados no llegan y el equipo ya ha caído de dos competiciones que, en los últimos años, han contribuido a darnos la gloria de la que ahora disfrutamos. La liga se antoja difícil y cuando la ilusión se tambalea y dejamos de creer en el equipo también parece lejana la clasificación para cualquier competición europea. Todo es es una realidad y nadie puede negarla, pero nada justifica lo que está ocurriendo últimamente.
Podemos ir al campo y animar a nuestros jugadores todo lo que podamos y, si estos nos defraudan o no dan todo lo que cabría esperar de jugadores de su categoría, silbarles. Podemos charlar con nuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo, e incluso con desconocidos en algunos puntos de reunión, pero desde luego siempre en tono constructivo y no atacando sin ton ni son. Las cosas hay que hacerlas con respeto porque luego pasa lo que pasa.
Desde todos los frentes se leen y oyen críticas. Incluyo a webs, blogs personales, medios de comunicación digitales y en papel, radios e incluso desde la televisión. Criticar es sano para todos, incluso para el club. Los aficionados son para el club los ojos que observan la situación desde fuera y tampoco se han de recibir siempre alabanzas pero desde luego nada justifica el ataque gratuito.
Se nos olvida muchas veces que esto sólo es fútbol. Que una vez finalizados los 90 minutos del partido se ha de seguir viviendo y que hay cosas mucho más importantes que cualquier cosa que pueda hacer o no hacer el equipo al que se sigue. Que todos tenemos una familia, un trabajo los más afortunados, aficiones más allá del fútbol. Siempre hay más.
Se nos olvida que los futbolistas son personas, chavales. Que tienen su vida fuera del fútbol, con sus problemas y sus alegrías. Y que son seres humanos, con sus buenos y sus malos momentos. Pasamos por alto que muchos de ellos son padres. A nadie se le ocurre ir a esperar al director de su banco a la puerta de su oficina y agredirle porque tiene problemas económicos, ni agredir a un mensajero porque entrega un paquete más tarde de la hora que prometió, ni a un camarero porque nos pone el café demasiado caliente. Son cosas impensables en la vida y que, sin embargo, pasan en el fútbol cada día.
¿La razón? Hay descerebrados que no ven ni comprenden lo que está más allá de sus propias narices, violentos “porque sí”. Ya lo he dicho y lo vuelvo a decir; descerebrados que se escudan en el fútbol para poder seguir siendo lo que son, violentos. Porque en el fútbol parece haber barra libre para cierto tipo de comportamientos.
Cualquiera que sea asiduo a las redes sociales puede observar, día sí y día también, insultos gratuitos. Y no hablo de críticas más o menos subidas de tono, hablo de insultos puros y duros. Cargando las culpas contra el entrenador acordándose y vejando a sus familiares cercanos y lejanos con algunas palabras que no nombraré aquí pero que son denunciables. Acusaciones de que los directivos roban dinero del club, de que los jugadores no corren porque sencillamente no les apetece y vienen a “llevárselo calentito”.
Esas personas deberían plantearse todo ese tipo de cosas que dicen tras la seguridad de un teclado de ordenador, pero que bien se cuidarían de no decírselo a nadie a la cara, porque tienen consecuencias. Determinadas publicaciones online que fomentan esa crispación deberían pararse a pensar en lo que están provocando. Calientan a la gente, a gente que no es como ellos y que no reaccionan como ellos. A energúmenos que trasladan esos pensamientos e insultos a la vida real y que no entienden otra cosa que no sea la violencia. Y todo acaba con agresiones a los jugadores, agresiones entre aficiones, sinsentidos.
No nos paramos a pensar en la relación entre decir “el jugador X es un perro y un XX y viene a llevarse el dinero de mi equipo” y que semanas o meses después alguien le agreda a la entrada de un hotel, o cuando pase por un bar, o le lancen algo desde la grada y le abran una brecha. Hay que medir lo que se dice y el tono en el que se dice. TODO tiene consecuencias. Perdemos los papeles en nuestra casa, hasta que un día otro los pierde en la calle.
Repito, esto sólo es fútbol.



Enhorabuena a todos una vez mas.
Estoy convencido que tarde o temprano la calidad y el huir del sensacionalismo barato tendrá su recompensa.
Creo que ya lo tenéis.
Por cierto, tenía pensado escribir algo prácticamente parecido, después de transmitir una a una mis ideas sobre el asunto, sería redundancia.
Un abrazo a todos
Se podría decir mas alto, pero no más claro. Enhorabuena por el post y gracias por compartir vuestras reflexiones.
Un abrazo.
Gracias @cesarvizcaino y @FlamencoRojo por pasaros por aquí y por vuestros comentarios.
Un auténtico placer denunciar estos hechos que se han hecho, por desgracia, comunes en este deporte.