
Estimado Presidente:
La única vez en mi vida que he coincidido con usted me presenté como el Guardián de Nervión numero 9600 (y pico) en una firma de libros. Hoy, me presento desde estas letras como el Guardián de Nervión numero 7285 y con ganas de exponerle mi visión particular de todo lo que está aconteciendo a nuestra institución desde mi asiento en Gol Norte.
Me gustaría, en primer lugar, pedirle una profunda reflexión sobre la situación institucional tan convulsa que está sacudiendo a nuestra centenaria entidad en estos últimos tiempos. Y me gustaría pedírselo porque cada vez esa brecha se hace más y más evidente y tiene peor pinta. Considero que usted como presidente es la persona adecuada para ser el garante de la unión del Sevillismo, reflexionando sobre estos sucesos y sobre las consecuencias que pueden traerle al club y a los 11 hombres que defienden nuestro amado escudo cada jornada en los terrenos de juego, que al fin y al cabo son los que nos alegran a todos cuando consiguen mandar el esférico al fondo de la red.
No le voy a hablar en esta carta abierta de todos los detalles que están saltando a la palestra en estos días, no voy a hacer ninguna referencia a las medidas adoptadas por el Consejo de Administración del Sevilla FC y tampoco voy a juzgarlas porque hasta esta noche cuando entre por la puerta que me corresponde no las sentiré en mis propias carnes y por lo tanto sería hablar sin conocimiento de causa. Tampoco voy a caer en el insulto fácil hacia ningún sevillista, sea presidente, miembro del consejo o abonado del club como yo una vez comprobadas esas medidas, y no lo voy a hacer porque mi forma de sentir no me permite hacer esas cosas con gente que siente como yo. Pero lo que sí me gustaría es no sentirme cohibido en mi propia casa, tener la libertad de acceder a mi estadio sin que mi corazón sienta ningún tipo de ultraje hacia los derechos fundamentales de las personas.
Me gustaría seguir sintiendo lo que he sentido durante todas estas temporadas cada vez que voy al Ramón Sánchez Pizjuán, que no es otra cosa que una sobredosis de Sevillismo en vena que me levanta el estado de ánimo independientemente de las otras parcelas de mi vida. Ver esas caras llenas de ilusión, de nervios y de alegría por ver a nuestro Sevilla en la gente que me rodea. Sevillistas como cualquier otro, de cualquier sector del estadio a los que se les debe proteger y presuponer un buen uso de las instalaciones y servicios del club, a los que se les debe atribuir el mismo derecho de presunción del buen uso de su carné de abonado que a cualquier otro y que sin embargo somos sometidos a un estricto control simplemente porque cerca de la localidad que ocupamos se ubican una serie de vándalos sobre esa multitud que no para de animar y de dejarse el alma por su Sevilla.
Y yo estoy con usted en que esos personajes sobran dentro de nuestro querido Gol Norte, a mí no me hace ninguna gracia tener que desplazarme a Cádiz para jugar contra el Mallorca en liga o a Jerez para jugar contra Málaga y Osasuna. Como tampoco me hace ninguna gracia que por culpa de 10 inconscientes se nos trate de forma diferente a unos cuantos miles de sevillistas que sólo queremos disfrutar de nuestra pasión.
Aún estamos a tiempo, señor presidente, de no contribuir a una división mayor dentro del Sevillismo. De no perjudicar a nuestros jugadores cada vez que juegan en nuestro Ramón Sánchez Pizjuán y de no perjudicarnos a todos en estos tiempos difíciles que estamos viviendo. Confío, una vez más, en que sabrá reconducir esta situación y el Gol Norte del Sanchez Pizjuan volverá a ser el estallido de pasión sevillista que siempre ha sido.
Viva el Sevilla.


