
Ya conocemos los horarios para los tres primeros partidos de liga que nuestro Sevilla FC disputará. El sábado 18 de agosto está marcado en rojo desde hace días en el calendario nervionense de jugadores, cuerpo técnico, directiva y, cómo no, afición.
Esto ya está aquí, ya se huele.
Es por tanto lógico y normal que este tramo final antes de comenzar la competición oficial se convierta en un hervidero de comentarios, opiniones y pronósticos. Desafortunadamente, pocos de éstos son positivos o alentadores, en gran parte provocados por la más que discreta pretemporada que el equipo está realizando. Las cosas no se ven tal y como se esperaba y el pesimismo reina en gran parte del entorno sevillista.
Mientras tanto yo miro de frente ese día 18.
Si bien es cierto que el ambiente está crispado y que las sensaciones que el equipo está dejando no están siendo muy positivas que digamos, también lo es que el simple hecho de volver a ver competir a mi Sevilla FC domingo tras domingo me ilusiona sobremanera. Ese cosquilleo que se te mete en el estómago cada jornada, cada partido. La euforia de cada gol, la impotencia de cada derrota, la desesperación de saber que la liga es una carrera de fondo y no podemos averiguar qué ocurrirá o qué devenir acompañará a mi equipo hace que el corazón se me acelere sólo de pensar en que ya viene.
Si algo hemos podido comprobar a lo largo de los años es que la pretemporada sirve de poco a la hora de vaticinar resultados o logros en la competición oficial. Para no irnos muy lejos sólo tenemos que echar la vista atrás un año. La pretemporada que realizó nuestro equipo fue simplemente magnífica, al igual que el comienzo de liga, poco se podía esperar lo que ocurrió después.
Sin embargo este año las sensaciones que está ofreciendo el equipo son bastante distintas en los partidos. Poco o nada tiene que ver el fútbol que el equipo desplegó en el Nuevo Arcángel, por ejemplo, con los entrenamientos que pude presenciar los días anteriores al mismo. Marcados por la intensidad, el pase rápido, la profundidad y la presión, las sesiones hacen prever un Sevilla FC que puede mover la pelota con sentido y rapidez, plantándose en pocos toques en la portería contraria. Lo dicho, nada que ver con lo que observamos ante el Córdoba CF.
Así pues, ¿qué Sevilla veremos en la competición oficial? Seguramente ni uno ni otro. Como he dicho antes, la Liga es una carrera de fondo y, por mucho que nos emperremos, no somos capaces de adivinar qué ocurrirá. Y ése precisamente, es el encanto de este alocado mundo del fútbol. De este sentimiento. Y, por ello, la ilusión me embriaga cada temporada. El rendimiento que finalmente darán los jugadores, si cuajará o no el sistema de Míchel, cómo resultarán los refuerzos de este año, si vendrá alguien más como, por ejemplo, el ansiado central; cómo saldrá el equipo cuando ruede y coja ritmo de competición, quién tomará los galones ahora que el gran Escudé y Kanouté se han marchado y, sobre todo, qué puesto ocuparemos el próximo Mayo despiertan la expectación y las ganas en este humilde corazón sevillista, porque al fin y al cabo, lo importante es el equipo.
Cierto es que una buena pretemporada ilusiona sobremanera a la afición y tan verdad como lo anterior lo es que no estamos viendo mucho del equipo en ésta que está por terminar. Mucho que corregir, bastante que mejorar y, sobre todo, un colectivo que convertir en un equipo. Pero para todo ello, por más que nos empeñemos en hacerlo ahora, necesitamos que ruede el balón, la tan ansiada pelota.
Esto va a empezar… ¡Vamos mi Sevilla! ¡Vamos campeón!


