Últimamente en el Sevilla se habla mucho, pero poco de fútbol. El inicio, algo irregular del equipo, junto al parón de Liga que vino acompañado de amistosos sosos donde los haya (y no voy a entrar en el tema de la pelea de Mérida, que me caliento) no ha mejorado en nada el estado de ánimo de la desangelada grada. Como ya he dicho en anteriores ocasiones todos los puntos que se han ganado (algunos los hemos perdido, depende del prisma con el que se mire) podrían haberse esfumado por inconmensurables pájaras de los de Michel que a veces no están a lo que tienen que estar.
A pesar de esto la grada sabe esperar y confía que la recuperación de algunos jugadores como el francés Kondogbia, el archilesionado Perotti o el canterano en el que gran parte del sevillismo tiene puesta sus ilusiones, léase Campaña, arranquen y aporten al equipo ese punto de frescura que parece no tener, ni ahora ni en pretemporada. Además, el capitán Álvaro Negredo se sinceró en una reciente entrevista comentando que el ambiente del vestuario no era el más ideal la pasada temporada y que al parecer existe conjura por parte de los pesos pesados para que esto no siga por el mismo camino. Lapidarias a la par que tranquilizadoras declaraciones.
A todo esto no parece llegar el rival más adecuado para levantar cabeza tras el esperpento de Vallecas (si, para mí fallar dos penaltis es del tebeo). El Real Madrid será la primera piedra de toque seria para el conjunto de Michel, que de nuevo volverá a vérselas con el club de sus ‘amores’. Lo normal en este tipo de encuentros es salir, perderlo y marcharse. Ojo, no es pesimismo, es el realismo que ha impuesto una Liga injusta, con un reparto desigual y que nos ha hecho estar a la altura de las mejores ligas británicas y no hablo de la Premier.
Por otro lado está la parte bonita de este tipo de encuentros. Que el Sevilla lo borde, que el Madrid no marque un gol ni con el más merengón de los árbitros (que haberlos los hay) y que al final de los 90 minutos la grada del Pizjuán pueda celebrar esto como si de algo grande se tratase. Qué triste. Pero claro, después de un par de temporadas comiéndote media docena de golitos pues hay ganas de que esto suceda. El problema es que el chavalito triste y compañía están muy por encima de cualquier equipo en España. Para que digan que el dinero no lo compra todo, claro está que no hablaban de fútbol.
Así que esperemos que algo bueno suceda el sábado y que, ante todo, esto contribuya a calmar los ánimos entre los que se sientan en el palco y los que ponen el espectáculo en las gradas (aunque parece que no volverán a estar). Está de más decirlo pero esto tiene que acabar ya. No me gustaría ver qué pasa este fin de semana si el equipo sale otra vez humillado. ¿Qué se escuchará en la grada? ¿A los de provincias vecinas cantando goles del Madrid? ¿A algún sevillista le gustaría eso? Pues ya sabéis almas de cántaro, vamos a poner todos un poquito de nuestra parte para que esto vuelva a ser lo que ha sido siempre. El mejor campo del mundo. El Ramón Sánchez Pizjuán.
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