
Qué duda cabe que los derroteros por los que discurre el camino de este Sevilla son, cuanto menos, farragosos. En la zona media de la clasificación pese a que la distancia con los puestos de Champions es muy corta para la jornada en la que nos encontramos, el transcurrir de la temporada se va empañando progresivamente conforme los partidos se suceden y los buenos resultados no llegan. A este paso, un partido ganado de cada 500 será lo que luzca en la lápida de este Sevilla que necesita de forma urgente un par de victorias, holgadas a poder ser, que imbuyan a los jugadores de la confianza necesaria para saltar al campo sabiéndose superiores a los rivales, algo que gana el 50% de los encuentros.
La confianza es algo que cuesta mucho ganar y, la vez, es terriblemente fácil de perder, y sólo lo dan los buenos resultados. Este equipo tiene mimbres de equipo grande, el uno por uno de los jugadores nos dice, siendo objetivos, que tenemos plantilla para estar por encima de ese onceavo puesto que sólo refleja la desastrosa racha de resultados y juego, por qué no decirlo, que nos ha perseguido durante casi toda la temporada. Es hora de dar la vuelta a esta situación.
Los 25 minutos de buen juego que se conseguían antes llegó a ser medio tiempo completo, e incluso algo más. El equipo ha llegado a barrer del campo a sus rivales en determinados momentos de cada encuentro dejando aparte el paso atrás en La Rosaleda. Los jugadores empezaban a encontrarse a gusto y el sistema parecía funcionar y sin embargo todo parece volver a tambalearse. La plantilla corta que se pedía ha resultado ser extremadamente corta aunque los fichajes que se han producido durante el mercado invernal vienen para sumar y no para sentarse en la grada.
Pocos dudan de que Cala será el central titular en pocos encuentros, si no se gana el puesto este mismo domingo en el Sánchez Pizjuán contra el Villarreal. Reyes ha vuelto al Sevilla de su alma, entre aplausos y vítores, para hacerse con la manija de la mediapunta y organizar los ataques sevillistas. Babá viene a aportar el gol que necesitamos como el mismo agua.
¿Servirá esto para que lleguen los resultados?
Quiero pensar que una efectividad como la de La Rosaleda es posible. Que el equipo es capaz de llegar una vez y marcar porque ya lo ha hecho. Lo hizo el domingo y lo hacía la pasada campaña, cuando los goles nos llovían ferozmente pero nuestra puntería arriba era determinante.
Veo jugar al equipo y no consigo comprender cómo es posible tener tan mala puntería arriba. Cómo llegamos una y otra vez, y otra, y nos volvemos de los campos contrarios con nuestro casillero a 0. Negredo vuelve a estar dinámico y en forma y sólo necesita gol. Kanouté, aún con cuentagotas, sigue aportando goles aunque no los mismos del año pasado y Babá… Babá tiene maneras para romper, sólo necesita adaptarse.
Pero todas estas valoraciones darán igual si el equipo no gana. Soy resultadista, no puedo evitarlo, prefiero jugar mal y ganar que jugar bien y cosechar los resultados que estamos cosechando. Pero también soy realista y me cuesta mucho trabajo creer que jugando como estamos jugando la pelota comenzará a entrar más tarde o más temprano. Entonces, y sólo entonces, las piezas encajarán y los jugadores recuperarán el estado anímico necesario para salir al campo creyendo posible la victoria. Y las victorias llegarán.
Tal y como escuché en una ocasión durante una película, un avión completamente desvencijado gotea y tiene un aspecto penoso cuando está en tierra, pero una vez en vuelo las juntas se dilatan, las piezas se acoplan y se convierte en una máquina aerodinámica perfecta.
El Sevilla volverá a estar engrasado y volverá a volar sobre el campo, pero necesita confianza, necesita victorias.
Las victorias tienen que llegar.
Samuel Fernándezsamuel.fernandez @sevillismo.com
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Mas razón q un santo
El problema es, q perder el domingo puede resultar lo siguiente a dramático
3 resultados seguidos, algo q no ha ocurrido y no tiene justificación ninguna
Todo cambiará seguro
Un saludo