
Volvía el partido más grande que puede vivir un sevillano. El derbi, tras tres años de ausencia, llegaba en una grandiosa noche de apacible invierno bajo el cielo de la capital hispalense. Esta vez tocaba visitar el estadio del final de la Palmera y todos sabíamos que la ‘batalla’ no iba a ser fácil. Los nervios afloraban desde el lunes en ambas orillas. Llamadas telefónicas, indirectas a todas horas, mensajitos de unos y otros afirmando que el sábado morderían el polvo. Nadie se muestra favorito. Todos piensan que van a ganar.
Y llega el sábado. Y ahí están tus amigos de toda la vida. Tus familiares. Tu pareja. ¡Son béticos! Y durante esos 90 minutos nadie entiende de vínculos de ningún tipo. Los de la camiseta a rayas son el enemigo. Ni palabras agradables, ni guasas ni nada que se le parezca, ya habrá tiempo tras el partido. A mi derecha, un amigo con la camiseta de Chechu Dorado dedicada por el jugador verdiblanco. Yo, con la casaca de la última vez que disputamos Champions. Sobre el televisor la bufanda del mítico partido contra el Schalke 04. El espíritu de Puerta nunca nos abandona.
Y empieza el partido. Sevilla se paraliza y ni un alma que sienta en blanco y rojo o en verde y blanco puede pensar en otra cosa que no sea llegar hasta la portería rival. Marcar, marcar y marcar. O lo que es lo mismo, ganar la mayor de las batallas futbolísticas que tendremos a lo largo del año. Las pulsaciones se elevan al máximo y la tensión se puede cortar con un cuchillo. Increíble escuchar a los BIRIS entre miles de gargantas rivales. SEVILLA está muy presente en el barrio de Heliópolis.
El equipo de Nervión salta al césped sin complejos, lanzados a por la victoria. Las oportunidades empiezan a llegar pronto y eso hace que todo el Sevillismo empiece a quitarse un poco los nervios que atenazan cuerpo y mente. Ya no hay vuelta atrás. Casta, coraje y buen fútbol, claves para llevarse el gato al agua. Varias son las veces que en los primeros 20 minutos tenemos que pegar ese saltito que tan mal sabor de boca deja pero que peor sienta a los que están al otro lado.
Sin embargo, tras poner oportunidades y fútbol fue el eterno rival el que golpeó primero. Si digo que en ese momento el mundo se te cae encima no me quedo corto. Mazazo moral en toda regla. Mires a donde mires solo ves un marcador en tu contra. Afortunadamente los que defienden la camiseta del mejor club del Sur de España no se amedrentaron y siguieron volcados en el único objetivo de conseguir la igualada.
Tras muchas oportunidades y las mejores actuaciones que Casto ha tenido a lo largo de su carrera deportiva, Álvaro Negredo se elevó en el cielo de Sevilla y con un firme cabezazo puso la igualada en el luminoso. Me sobraba voz y me faltaba garganta para gritar el gol más deseado. El gol más justo de la noche. El gol de mi Sevilla en el estadio del otro equipo de la ciudad. No hay sensación de mayor euforia que marcarle al eterno rival. Hay veces que no hay palabras para explicar lo que siente el corazón.
Pero cuando más felices nos las deseábamos más negro se puso el partido. La inferioridad numérica nos hizo sufrir de lo lindo durante 20 larguísimos minutos en los que todo el Sevillismo se temió lo peor. El equipo aguantó dignamente el empuje verdiblanco y alrededor de las 12 la noche el árbitro del partido dio por finalizada la primera batalla. Las pulsaciones bajaron a su estado normal y todos empezamos a pensar en la vuelta. El siguiente lo jugamos en casa.
Respecto a las aficiones, chapó para ambas. Aunque algunas televisiones se empeñan en sacar un empujón entre dos señores de mediana edad debido a un ‘calentón’, no pasó nada. No hubo “peleas entre béticos y sevillistas” más allá de las dialécticas que se sucedieron en miles de viviendas a lo largo y ancho de la capital hispalense y otros puntos de España. ‘Peleas’ entre hermanos, amigos de toda la vida o entre marido y mujer. Pique sano y recomendable porque es la única forma que los sevillanos tenemos de entender esta rivalidad. Pique sano porque es la única forma que los sevillanos tenemos de entender Sevilla.
Así que a todos los que se quedaron esperando imágenes de contenedores rotos y bengalas volando para volver a señalarnos con el dedo o los que esperaban la mínima oportunidad para cerrarnos los estadios, solo decirles que sigan esperando. Nos ha costado, pero el fútbol sevillano ha madurado y el sábado dio muestra de ello. Así que ahora a pensar en la segunda vuelta, en la que queda mucho por hacer, y en la primera semana de mayo. Nos vemos en el Ramón Sánchez Pizjuán.
Foto: El Sevilla
Raúl Bocanegra@Raul_Bocanegra en Twitter


