
De todas las cualidades que puede atesorar una persona, una de las que más admiro y valoro es la empatía. La capacidad de ponerse en el lugar del otro, de ver las cosas desde otro punto de vista, ya sea en un asunto de trabajo, el problema de un amigo o familiar, o una discusión cualquiera.
La empatía también nos permite comprender las aficiones del otro, las cosas que le divierten o le hacen feliz. Una de estas aficiones que resultan difíciles de comprender por aquellos que no la comparten es el fútbol, la pasión por unos colores. Creo que todos sabemos de qué hablo.
Todo esto viene a colación de que ayer por la noche me sorprendí a mi mismo con las lagrimas saltadas viendo la extraordinaria película-documental sobre los recientes éxitos de la Selección Española, que se emitió hace poco. Si aún no la habeis visto, estáis tardando.
Entiendo muy bien que desde fuera parezca algo absurdo, no dejan de ser “11 tíos dándole patadas a un balón”, no es menos cierto que “a mí no me da de comer el fútbol” o que “hay muchas cosas mucho más importantes que el Sevilla o los partidos de la Selección”, y por eso no intento ni explicarlo, sé que no puedo, que no existen palabras, que hay que vivirlo para comprenderlo.
No soy un descerebrado que da su vida por este deporte. Me encanta, me apasiona, me emociona, y a su vez sé que no tiene la menor importancia, pero no puedo evitar que mi corazón vibre con cada gol, con cada victoria, que explote con cada título conseguido.
Momentos únicos, de los que recuerdo cada detalle, como el gol de Luis Fabiano en Eindhoven, en el que los nervios me paralizaron en el Auditorio Rocio Jurado, donde lo vi con algunos amigos, algunos de ellos ni siquiera sevillistas, pero que querían estar conmigo en mi primera final. Y lloré, no me moví, no grité gol, sólo lloré, porque no podía creer que mi Sevilla, mi equipo, el que tantos disgustos me dio en el pasado, había marcado en una final Europea. Luego vinieron 3 goles más y esos sí fueron una fiesta.
Del mismo modo aunque de diferente manera, viví el gol de Iniesta en casa, con otros muchos amigos, en un proyector que ocupaba toda la pared de nuestro salón. Saltamos, nos abrazamos y nos miramos con caras que lo decían todo; Vamos a ser campeones, vamos a ganar un Mundial, y recordaremos siempre que lo vivimos juntos.
En el documental que antes os he nombrado, se escuchan cortes de las retransmisiones de varios periodistas. En uno de esos sonidos, Carlos Martínez dice lo siguiente: “España va a jugar la final, vamos a disputar la final de la Copa del Mundo. Elige con quién y donde lo vas a vivir, porque es algo que recordaremos toda nuestra vida”.
Las imágenes de toda España inundando las calles son impresionantes, lo mejor de la película. La alegría de la gente, la fiesta, la auténtica felicidad que se derramó por las calles, como en aquella mágica noche del 10 de Mayo en la que la avenida San Francisco Javier era una marea roja y blanca.
¿Cómo algo tan “tonto” como son 11 tíos detrás de un balón puede hacernos tan felices o tan tristes?, ¿cómo un simple deporte que cada día tiene más de negocio puede emocionarnos de esa manera?, ¿cómo me puede gustar tanto el puto fútbol?.
No tengo respuesta para estas preguntas, pero si sé que el fútbol para mí, es lo más importante… de las cosas que no tienen la más mínima importancia.
Imagen Carlos Romero



Enhorabuena por el post porque creo que has transmitido lo que querías.
Me doy por aludido en el mismo ya que si bien nunca he insultado o menospreciado a los hinchas de fútbol hay cosas que no comprendo y que aprovecho tu post para comentar, quizás alguien consiga hacérmelo entrar en mi cabezota je je je.
El deporte es una parte de la vida en tanto que es una manera de poner en buena forma el cuerpo, algo importante. Lo valoro, al igual que los deportistas, personas que se esfuerzan por alcanzar algo que creen importante.
Yo no creo que lo sea, pero sí creo que lo es el hecho de que ellos se parten la cara por algo. Eso sí es admirable.
Lo que no entiendo es por qué alguien que ve un partido de fútbol desea que gane un equipo en concreto y no el que mejor juegue. Las olimpiadas si no me equivoco se crearon como una forma de adorar a los dioses. Se buscaba la excelencia (aunque por motivos que no comparto, siendo ateo).
Sin embargo ahora da igual si tu equipo juega bien o no mientras gane. Me recuerda a las personas que votan siempre al mismo partido político hagan lo que hagan. En el deporte, ¿no deberíamos apoyar y desear que gane el que más se lo merezca?
Conste que hablo por mí mismo pero lo que no entiendo es más el sentirse parte de algo que no se es “Hemos ganado el Mundial” “Hemos ganado la Eurocopa”. No, verás, la ganaron 11 jugadores, más suplentes, el entrenador o seleccionador, si me apuras el equipo técnico y en última instancia los que han ganado dinero con ello.
La gente de a pie no ha ganado nada.
¿Por qué cree que sí?
Espero que no moleste este tostón porque me interesaría poder comprender esa parte del ser humano que me es tan ajena como bien saben otros redactores de Sevillismo.
Un saludo y muy buen artículo de nuevo.
Ante todo, agradecerte el que te pases por aqui Fernando. Como digo, es muy complicado de explicar. El porque se es de un equipo u otro, viene de lo que mamas de pequeño, supongo. Lo que has visto en tu casa, lo que veias por la tele, lo que hablaban tus amigos. Supongo que no es casualidad que cuando hay éxitos en un equipo, sale una buena hornada de hinchas de ese equipo.
El sentimiento de participación de éxitos o fracasos, ese “hemos ganado” del que hablas, es aún mas difícil de explicar. Supongo que va con el sentimiento de “amor” por un equipo, tu quieres el triunfo de los tuyos, aunque objetivamente no lo merezcan. El deporte siempre deberia premiar al que mas lo merezca, pero instintvamente siempre ante un evento deportivo, hay cierta predisposición a que gane uno u otro, por simpatía, por interés, o por que sí, y a todos nos gusta sentirnos participes de ese éxito o fracaso. Todo se basa en los sentimientos, creo que por eso es algo tan dificil de explicar. Uno puede cambiar de amigos, de pareja, de partido político, pero dificilmente cambiará de equipo, por algo será.