
Nos encontramos ante un final de primera vuelta que no esperábamos. Según la planificación y las sensaciones de los primeros compases de la temporada liguera, el Sevilla FC tendría que haber llegado más holgado al último partido de la primera mitad del campeonato. Cuando el sorteo de la Liga BBVA para la temporada 2011-2012 desveló que nuestro primer partido sería contra el recién ascendido rival sevillano, a muchos nos entró esas ganas de derbi, de la fiesta del fútbol hispalense.Era un buen momento para el partido -un partido en que como sabemos puede darse cualquier resultado-, ya que con el paso de las jornadas, esperábamos que el Sevilla FC estuviera metido en puestos altos y luchando encarnizadamente por afianzar una plaza privilegiada.
Ni lo uno ni lo otro. Los problemas entre futbolistas y la LFP dieron al traste con ese comienzo liguero que todos esperábamos. Y poco a poco, el Sevilla FC fue bajando el nivel hasta llegar al punto de desaparecer de las plazas de privilegio.
Ahora, esta fría semana de enero, nos ha tocado visitar el estadio de Heliópolis. Ya no importa si la liga empezó más tarde. Tampoco importa si nuestro equipo está más arriba o más abajo en la tabla. El Betis está cerca, y poco a poco va empezando a encontrarse a sí mismo. El Sevilla, en clara mejoría de juego pero falto de acierto, pretende dar un golpe sobre la mesa y empezar a reclamar esos puestos en los que todos esperábamos verlo a estas alturas.
En las clases, los compañeros hablan del partido, picando y bromeando sobre jugadores, sobre otros partidos históricos, sobre fútbol. En el trabajo, el jefe bromea con un empleado, uno bético, otro sevillista, sobre lo que pasará en la hierba, sobre el marcador. En las calles, banderas verdes y rojas, ambas blancas.
Sólo fútbol.
El partido empezará, y muchos estaremos pendientes de lo que allí pase. No sólo sevillistas y béticos. Gente de todo el mundo disfrutará del derbi por excelencia, hartos de tanto clásico de alto copete y rutilantes estrellas. El sábado a las 22 horas, las estrellas vestirán de rojo, verde, ambos de blanco. Se llamarán Negredo, Navas, Kanouté, Varas, Reyes. O Casto, Beñat, Iriney, Santa Cruz, Rubén Castro. Porque ese día, a esa hora, no habrá nada más importante en el Planeta Fútbol que el Betis-Sevilla.
Como sevillistas, queremos que nuestro equipo se alce con la victoria, por supuesto. Queremos esos tres puntos, y el equipo irá allí a competir, a luchar cada balón, en cada cruce. Será un partido con intensidad. Desde la grada, miles de béticos animarán sin parar a su equipo, pues hace tiempo que se espera un partido de esta entidad. También habrá muchos de los nuestros que se dejarán la garganta para empujar a los de colorao hacia la portería contraria. Rivalidad en el césped. Rivalidad en la grada.
Y ahora es nuestro turno. Con las miradas de muchos aficionados de este bendito deporte de dentro y fuera de nuestras fronteras puestas sobre el tapete verde, tenemos que demostrar que un partido no es excusa para la violencia. Que la rivalidad histórica, inculcada en nosotros desde pequeños, no es óbice para que nos olvidemos que no deja de ser deporte, un juego, un espectáculo. Somos nosotros, los aficionados, los que brillaremos esa noche. Porque en las gradas, en los bares y cafeterías, en las calles, animaremos a nuestro equipo, pero respetando siempre lo hermoso de un partido de estas características, máximo representante de la fiesta del fútbol sevillano y un clásico del fútbol español en toda regla.
Es nuestro turno. La violencia nos empequeñece. Y somos grandes. Demostrémoslo.
Salud y Sevillismo.



Bien, Antonio, bien. Muy bonito y mu sentío el artículo. A ver si es verdad.