Aguas revueltas en la familia sevillista. El cambio de fichas en el banquillo no llevó la tranquilidad a la gradas del Pizjuán y si dio carnaza a los carroñeros que se empeñan en decir y desdecir sobre la plantilla y la afición. Que si pitos a Reyes y Rakitic. Que si el rendimiento de algunos no es el adecuado. Que si se debe acabar la temporada. Que si Europa no está al alcance de este equipo. Que si por un oído me entra y por otro me sale. Esto no debe afectar a la afición que ha demostrado en innumerables ocasiones una enorme e infinita fidelidad hacia su club y hacia sus colores.
Siendo sincero os digo que esta entrada se publicará después del partido contra el Racing y la estoy escribiendo antes. Con esto quiero transmitir que podría estar más ofuscado dependiendo del resultado que se diera en ‘El Sardinero‘ pero esto es algo que me da igual. Y digo que me da igual porque mi sevillismo no depende de victorias ni títulos. Ni el mío ni el del 99% de esta afición que siempre ha demostrado estar a las buenas y a las malas. Ni directivas, ni entrenadores, ni jugadores. Un club es su afición y el Sevilla somos nosotros. Nosotros lo hacemos grande y nosotros podríamos hacerlo pequeño, pero todos sabemos que eso nunca pasará. Y como sabéis perfectamente de lo que hablo hagamos un repaso.
1 de junio de 1.997. Oviedo. Carlos Tartiere. El Sevilla se jugaba el descenso y un solitario gol del conjunto ovetense lo certificó. Yo contaba con 14 años y recuerdo perfectamente aquella tarde y lo que supuso para mí. Pero más supuso ver a los miles de sevillistas que aclamaron a su equipo ya descendido para demostrarles que no estaban solos. Pocas veces se ha vivido una situación de ese tipo en el fútbol español. También recuerdo, y nunca dejaré de hacerlo, a un Monchi, Don Ramón Rodríguez Verdejo, destrozado en el túnel de vestuarios. Aún algunos dudan de él, no seré yo.
Después de este descenso y de los desfalcos de muchos que no querían nada al Sevilla fuimos lo que se conoce como un equipo ascensor. Con especial cariño guardo la promoción contra el Villarreal en la 98/99 y los dos goles del gran Vasili Tsartas en ‘El Madrigal‘. Nadie imaginaba que una década después estos dos equipos iban a estar jugándose los puestos que dan acceso a Champions entre ellos y que el 2012 no sería nada grato para ninguno. De nuevo, la afición sevillista volvió a estar ahí presente para llevar a los suyos en volandas hasta la 1ª División de la que nunca debió salir.
Por si fuera poco en el año 2000 volvimos al pozo, pero todos remamos de nuevo en la misma dirección. Don Roberto Alés se puso al frente de un club destrozado, a todos los niveles, y cedió el mando de la nave a Don Joaquín Caparrós que nos llevó a ser campeones de 2ª tres jornadas antes de que la Liga finalizara. Un equipo con mucho desconocido y supuestos jugadores no válidos. Poco nombre y mucha casta que era lo que hacía falta. Otra vez el sevillismo apoyó a los suyos en todo momento.
Tras esto llegó la era con la que todos soñábamos: el tiempo de los títulos. ¿Cuántas generaciones de sevillistas no pudieron celebrar algo grande? Muchas. Nosotros somos unos afortunados que podemos mirar hacia el tercer anillo para dedicarle a los nuestros el orgullo y la alegría de haber nacido sevillistas. ¿Queréis ver de lo que es capaz la afición del Sevilla? Aquí os dejo una muestra que no dejará indiferente a nadie.
En el año 2006 nos plantamos en la final de la UEFA previa eliminación de uno de los grandes favoritos, el Schalke 04. Enorme también su afición en ambos partidos. Esa eliminatoria nos hizo más grandes en todos los aspectos. En Gelsenkirchen llevamos a nuestro equipo en volandas al estadio y en el Pizjuán lo subimos al cielo.
Luego llegaron muchos más títulos. Dos Copas del Rey, Supercopa de Europa, Supercopa de España, otra Copa de la UEFA. Vamos, una borrachera en toda regla. Algo que ningún aficionado se perdería. Pero ha de quedar claro que no fue todo fácil ni lo es ni lo será. En medio de esa vorágine se nos marchó nuestro querido Antonio Puerta, el entrenador que nos dio la gloria nos abandonó en mitad del camino a cambio de unas libras y las cosas se torcieron en más de una ocasión. Nunca esta afición dejó de gritar a cada minuto para demostrar lo que ya muchos saben. Que no hay otra como ésta en todo el mundo.
Y aunque muchos digan que en el Pizjuán se pita, y para ir cerrando este rincón, os dejo dos demostraciones muy cercanas en el tiempo de cómo se las gasta los que moran en las gradas de la ‘Bombonera‘ de Nervión. Da igual que llueva o truene, que ganemos cómodamente o que el rival nos esté infligiendo una paliza de muerte. Esto es lo que pasa en nuestra humilde casa.
Imagen Ultras.com



Muy agradecido por la recopilación. Pura adrenalina.
De nada Ajet. ¡Un gran saludo!